14 de mayo de 2017

Icarus is flying.




A la quinta vez que casi llegó a mí, fue cuando lo vi caer.

No era la primera me enamoraba de un algo así, si es que así podría definirse a la manera mía de sentir pues aquello era simplemente un afección desmedida por parte de esta criatura hacia cualquiera que me hiciera un mínimo de contacto. Al fin y al cabo, era el sol. Quemaba, dolía, era distante hasta niveles inalcanzables ¿no debería ser por eso digno de reconocer a los valientes que conseguían rozar un mínimo de estas capas? No era un trabajo fácil, llegar tan cerca, destapar, cruzar barreras…

Jamás quise sentir lo que sentí por él. Era todo lo contrario a lo que siempre había estado acostumbrado. No era lo correcto (con ninguno lo era). Y a ser lo correcto jamás me ganó nadie. Pero de alguna manera él lo consiguió. Se acercó tanto…
Cumplió las promesas que me susurraba cada noche como si aquella fuera la última de ambos. Cuando más necesitaba palabras de apoyo era en la noche, pues la Luna era mi competencia y en una parte muy envidiosa de mi ser esta me alejaba de Ícaro por unas horas. “Voy a ayudarte con tu problema” decía siempre, lleno de positivismo y con una luz más amplia que la de mí mismo, “no voy a dejarte solo.”

Y bien que lo hizo.

Porque ahí residía el problema. En mí. En que este problema, el ser inalcanzable, es algo que jamás nadie podría cumplir. Se lo decía cada instante. Aléjate, te voy a hacer daño, no tengo salvación. Pero supongo que de la misma manera yo fui cabezota con mis juicios personales él lo fue en creer que cumpliría lo que dijo. Fue triste verlo morir, incluso semanas, años después, seguía doliendo su ausencia. Porque como bien dije, era distinto, y este escritor siempre ha adorado lo diferente.


No supe cómo fue su caída, si le dejó marcas o siguió como cualquier otro hizo anteriormente. Si quizás algunas noches lloraba al cielo cuando era de noche para así no afrontar el día. Si seguía pensando en sus promesas. Me volví egoísta con este último héroe, nadie podría jamás llegar a tocar el Sol sin llevarse ningún daño.

Ni ellos.


Ni yo.

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