18 de agosto de 2015

Now life has killed the dream i dreamed.

He visto a esa persona escribir sobre mí desde los largo de los años, su fascinación por mí podría tratarse de obsesión, pero me vive con tanta fuerza y calidez, cosa rara en la lluvia, que no me importa que lo haga. Con el paso de los años y los escritos he decidido también observar a mi escritor, y tengo miedo, es por eso por lo que estoy aquí. Mi escritor ha huido. No ha huido del modo que siempre le gusta hacerlo, dejando de existir durante días y sobreviviendo a base de verme desde la ventana. No, no está en la ventana, tampoco ha dejado rastro de sangre como siempre hace cuando sus pensamientos no están suficientemente plasmados en sus escritos, tampoco hay bolígrafos mordisqueados en la punta y su taza de té está llena, se ha dejado el té en casa y ahora está frío, ahora se asemeja a mí. Quizás esto es lo que quiere, mostrarse a sí mismo como humano, si es que el término le define cosa que dejo a la duda, salir de su zona de confort y ver si es capaz de salir al mundo con no más motivos que salir, no porque busque inspiración ni porque yo estoy paseando esa tarde y viene, como siempre viene cuando aparezco, sonriendo de verdad, no siendo la fachada, y es ahí cuando me vuelvo a enamorar de él, porque no sólo me sonríe, yo le sonrío, y me hace fotos, y me entra la vergüenza y poso alguna nube, pero eso no le para. Quizá quiere probar cosas nuevas, su mente es igual de volátil que mis tormentas, podría decirse que incluso peor. Quizá sus pájaros en el brazo se hayan vuelto reales y haya conseguido volar, seguro estará explorando cada rincón de la ciudad en la que siempre quiso vivir, cámara en mano y con el corazón en un puño por ver sus sueños hechos realidad. Sólo sé que, ahora que estamos en el mismo país, donde yo soy constante, no le encuentro, y me aferro a la esperanza que vuelva, porque él nunca se aferra a nada más que a la causa de un mundo mejor, a las batallas que nadie quiere luchar y él siempre alza su puño para, finalmente, ganarlas. Me seguiré basando en quizás, porque quizás, en otro día volátil como mi propio ser, vuelva, sonriéndome desde el suelo, y vuelva a escribirme, así el pájaro absurdo de su persona me lleve con él y la ciudad siga siendo amada por ambos.


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