14 de mayo de 2015

Sé fuerte (veinteava parte)


“Cuando llegues al final de la cuerda, ata un nudo y agárrate con fuerza.” –Franklin D. Roosevelt.
Meta: Ten fe en el mañana, aunque ignores lo que pueda traerte.




Muchas veces, en terapia, he tenido que rellenar tablas de “metas”, donde dejaba más o menos claro mis objetivos en temas como vida social, trabajo, u ocio. Hasta aquí era la parte fácil, pero luego tenía que poner los comportamientos, y eso todavía no llego a ponerlo. ¿Cómo motorizar tus acciones para un objetivo futuro? Me hacía esta pregunta hasta que esta meta llegó. Pensé, que demonios, voy a hacer estoy  esto, y mañana esto y esto. Siempre he sido una persona de horarios, de rutinas, y en el instante que esa rutina se ve trastocada me vuelvo loca (más, ósea… figuradamente). Por eso quizás esta meta es un poco yo y un poco no yo. Porque me gusta los horarios y las rutinas, pero también me gusta el desorden. El momento en el que te sueltas la melena y sueltas todo. Esto va unido con otra meta que era sobre las cosas que siempre no salen bien, hace dos-tres días hizo algo y me ha salido muy bien. Tras eso mis dudas y miedos de siempre volvieron justo a los pocos minutos. Que si no era buena persona, que siempre perdía gente, que no era nada… Pero con apoyo y mi red positiva he desechado eso, ahora tengo fe en lo que pueda ocurrir. Si algo malo tiene que pasar mañana que pase. Como fiel creyente del Karma, siempre creo que si mañana me va a pasar algo, tengo la fe y la fuerza para estar segura de que eso traerá algo bueno. Sé lo he dicho a miles de personas. Puedes estar teniendo un mal dia, una mala semana, pero todo mejora. Quizás no esté en el final de la cuerda, eso es verdad, quizás llevo una mochila demasiado pesadas y a veces necesito hacer una pausa en la subida, pero, por el momento, las vistas desde donde me encuentro son preciosas.

Nos vemos en la cima de la montaña.


Love always, L.-

Y seré lluvia.




Algunas personas les gusta la lluvia, pero abren el paraguas. Ella es de las que ven llover y enseguida está fuera, sin paraguas, dejando que su olor se cuele hasta sus costillas y haciendo su cuerpo estremecer con cada gota. Hace poco fue una de esas “malas noches”, donde la tormenta se hizo intensa en ella, donde los pensamientos y las atrocidades más crueles traspasaban su realidad. Pero como, ¿cómo una simple cosas que ni siquiera era cierta, que no la había visto de pleno, podía causar tanto daño? Sencillo, ella es alguien fácil de fallar y fácil de romper. Salió corriendo para ahuyentar a la gente, más de lo que ya hace con una simple mirada, corriendo hasta quedarse sin aliento, cabe decir que sí, tenía aliento, más ahora estaba mezclado con el sofoco y la falta de aire, el corazón latiendo más rápido que un solo de batería y las piernas atoradas de correr, correr y correr. Y ahí estaba, siempre suya, la lluvia, cubriendo su cuerpo y abrigándola, susurrando leve en sus oídos una dulce melodía a juego con el tiempo. “Carry on wayward son –susurraba- eres más fuerte que esto, yo estoy aquí, contigo, déjame que te cubra y te acompañe.” Como siempre ha hecho, pensó ella, más las ideas seguían brotando, la impotencia, el sentirse nada, el querer correr hasta el mar y ser pez una noche más, porque allí no tenía que fingir, allí podía ser lo que quisiera, no la harían daño. Pero no tenía tiempo ni fuerzas para llegar allí, así que dejó que la lluvia la abrigara y la guiara hasta el hogar, donde el calor y una humeante taza de té dejarían a la tormenta otra vez con la miel en los labios. Por el camino algunos monstruos se acercaron, pero nada mejor que una capucha negra tapando la desdicha y una cara de todo menos de amigos les mandó a miles de kilómetros. Por unos instante la lluvia cumplió se promesa, ya no había tormenta, solo estaban ella y las gotas rondando tanto como por sus pies como las saladas en sus mejillas. Ah, cual placer, cuanta paz, en aquel instante. Olvidando todo lo ocurrido, siendo una sola cosa. Una felicidad instantánea que duró hasta que las sábanas hicieron como las olas hace de mecedora a un marinero.

Allí, bajo la lluvia, es donde mis demonios se esconden.

1 de mayo de 2015

Sé fuerte (decimonovena parte)


“No esperes, no supongas, no preguntes, no exijas. Deja que ocurra. Porque si tiene que pasar, pasará.”
Meta: Piensa en algo  en lo que no ejerzas  control y acéptalo de esa manera.




Muchas veces en mi vida he tratado de mantener en control sobre las cosas, controlar que decía, que sentía, que hacía… Y me mosqueaba cuando las cosas de desmadraban, por así decirlo, el aceptar que hay cosas que tienes que dejar que ocurra es una meta muy difícil de aceptar. Podemos afirmar que sí, que dejaremos que ocurra esa cosa, que ya surgirá con el tiempo, que lo hará de esa manera, la cual puede no ser la deseada y por eso no debemos exigir que sea a nuestra manera, pero nos va a costar muchísimo afirmar y dejarlo hacer. Poco a poco yo he ido aprendiendo que si algo tiene que pasar, pasará. Antes yo exigía, lo quería todo ya y a mi manera, pero con el tiempo y un par de consejos me he vuelto una persona que no planea las cosas, si algo viene y me ocurre trataré de solventarlo, como dicen mucho los ingleses: Ya cruzaremos ese puente cuando lleguemos a él. Una vez que tienes sabido que hay cosas que no puedes ejercer el control, es cuando tienes que aceptarlo de esa manera. Si ya piensas que hay cosas que no puedes controlar, bienvenido, has pasado la parte más dura. Ahora piensa en aceptar eso que te ocurre y trata con ello. Sin prisas, sin problema. Toma aire, cuenta hasta diez y ponte a ello con la mente en frío. Este es como un proceso circular ¿no? Siempre puedes volver a morderte la cola y volver a creer que puedes controlar todo, y te volverás a sentir de igual manera que la otra vez, y volverás a darte cuenta de que esto no es así. Yo a veces me vuelvo hacia atrás e intento controlar las cosas que me pasan, pero poco a poco ya no es tanto el ir y volver. Si algo tiene que ocurrir ocurrirá ¿por qué vamos a forzarlo? Si lo hacemos, estaremos perdiendo el tiempo, porque ya como puse en otra entrada algunas cosas salen bien y otras no salen, y si no salen ¿qué? Habremos perdido tiempo en una tontería que podíamos haber dejado hacer a base de tiempo y paciencia. Piensa en esta meta y en el modo que te puede afectar, piensa en las cosas que tienes ahora y qué ocurriría si las dejaras hacer, así estarás dando un paso muy grande en tu viaje.


Love always, L.-

La analogía del montañismo.





El siguiente escrito fue realizado por uno de los participantes del programa STEPPS en la ciudad de Iowa (estado de Iowa, Estados Unidos), quien otorgó permiso para difundirlo entre nuevos participantes en este “viaje”. 

La manera en la que puedo explicar cómo el programa STEPPS me ha ayudado es a través de la analogía del montañismo. Si nunca has hecho montañismo, no te preocupes, yo te lo explicaré. Tu destino es una montaña muy empinada, donde hay hermosos árboles, animales y flores salvajes, formaciones de rocas, riachuelos y cataratas. Todo lo que necesitarás en las próximas 4 semanas lo llevas en tu mochila.  Si eres un montañista experimentado, tu mochila estará bien organizada con todos los artículos que necesitas. Sabes exactamente lo que tienes, en dónde lo tienes y para qué lo vas a usar. Esta preparación y conocimiento contribuyen a que tu viaje se convierta en unas vacaciones fantásticas llenas de lo mejor de la naturaleza. 

            Por otro lado, si ésta es tu primera experiencia de montañismo, las cosas no estarán tan bien organizadas. Tienes todo lo que necesitas, más muchas otras cosas sin las cuales no podrías vivir. Una vez que estás ya de viaje no estás seguro de cómo llegaste a la montaña y te preguntas si alguna vez podrás salir de ella. Es un lugar que te da mucho miedo cuando estás solo. En lugar de unas vacaciones tu viaje se convierte en un juego serio de supervivencia.

            Mi vida es como la del montañista sin experiencia. Mi mochila está llena de las cosas que me ha dado mi pasado – cosas que necesito y también cosas que no necesito. Me parece que estoy sola en esa montaña con muchas amenazas muy peligrosas a mi alrededor. Hay osos, animales salvajes, vegetación crecida, árboles enormes, rocas, ríos peligrosos, arena movediza, tormentas de lluvia, rayos y truenos y avalanchas en las alturas. Y éstas son sólo algunas de las situaciones de las cuales no puedo escapar.

Utilizo los objetos que hay en mi mochila de la mejor manera posible, pero en realidad no tengo ni la menor idea de cómo usarlos. Me parece que me han dejado tirado en esta montaña porque todas las personas con las que comencé mi viaje me han abandonado. Por lo tanto nadie me ha enseñado a usar los artículos de mi mochila. Con lo cual rápidamente aprendo a hacer las cosas de la mejor manera, y con lo que tengo de alguna manera sobrevivo. En un instante me doy cuenta de que en mis últimos 21 años de vida, he estado durmiendo encima del hornillo, cocinando en el saco de dormir, comiendo con mi jabón, bañándome con los utensilios de cocina y usando mis ollas y sartenes como almohadas.

            Cuando los animales salvajes me amenazan, yo corro. Cuando hay mal clima, me enfado. Me enfado con la nieve. Me molesto con la lluvia. Acampar no es divertido. ¿Puedo descansar? No lo puedo resistir más. ¿Qué es normal? ¿Cuál es la realidad?

            Si sólo supiera cómo usar los artículos de mi mochila, encontraría que la lluvia es un desafío, la nieve una aventura y los animales algo precioso para observar y fotografiar. Afortunadamente, el programa STEPPS me ha enseñado a utilizar las habilidades que ya  tenía en mi mochila. He pasado de simplemente sobrevivir a disfrutar de la vida.

            Cuando llegué por primera vez al programa, tenía muchos pensamientos sobre mí mismo. Había utilizado todas mis provisiones y no sabía cómo sobrevivir más. Pensé que la vida no tenía esperanza y me sentía desamparado. Pensé que estaba solo y que era el único que tenía estos problemas. Soy el único en las montañas que no sabe cómo vivir en las montañas. Algo debe estar fallando en mí. Soy un completo fracaso porque no puedo resolver estas situaciones.

            El programa STEPPS me ha enseñado que la biología, el medio ambiente y los acontecimientos de mi vida han contribuido al modo en que trato de sobrevivir. Realmente es increíble que haya sobrevivido tanto tiempo. Sin embargo, no he aprendido cómo vivir en las montañas; sólo he sobrevivido  mi día a día. Me costó mucho tiempo darme cuenta.

            Durante las primeras 8 semanas del programa no tenía ni la menor idea de cómo usar mis herramientas de manera diferente para sobrevivir en las montañas. Es difícil cambiar la forma de usar las habilidades de supervivencia. Tampoco me gustaba lo que el programa me estaba tratando de enseñar. Ellos no tenían ni la menor idea de lo que significaba estar en la montaña. No sabían lo que significaba estar solo. No sabían de lo que estaban hablando. ¿Cómo podrían darse cuenta de cómo me siento?

            Sin embargo me di cuenta de que las otras personas en el grupo estaban en su propia montaña y que también tenían dificultades con diferentes situaciones. Me quedé en el programa y decidí darle una oportunidad porque un amigo mío tuvo éxito con él. Retrospectivamente hubiera sido más fácil para mí si hubiera sabido la finalidad del programa. Al principio aprendí que los filtros de mis pensamientos juegan un papel importante a la hora de decidir qué artículos puedo usar de mi mochila y cómo pienso acerca de las cosas que me rodean.

            Ahora después de 20 semanas en este grupo, no puedo decir que mi aventura de acampar haya sido como unas vacaciones. Cuesta mucho trabajo subir una montaña. Mis piernas se cansan, yo me canso y a veces me parece que hay mucha niebla en la montaña. Pero porque veo algunos rayos de luz a través de las nubes, sé que tengo esperanza. Sé que hay otras personas en las montañas. Sé que a veces me voy a resbalar y caer. Esto significa volver a caer en viejos hábitos relacionados con usar mis herramientas como las usaba antes cuando yo sólo sobrevivía.

            No puedo decir que me he curado. Sin embargo he aprendido a usar mis herramientas para poder cocinar con mi hornillo, dormir en el saco de dormir, comer con los cubiertos, lavarme con el jabón, descansar mi cabeza en la almohada y usar mi tienda de campaña para protegerme del clima.

            Por lo tanto si te puedes mantener en este programa poco a poco aprenderás que tienes todas las herramientas necesarias para no solamente sobrevivir, sino más bien aceptar la aventura de estar en la montaña. Podría considerar esta situación como una situación negativa, sin embargo prefiero tomármela desde un ángulo positivo. Pienso que estar en la montaña es mejor que estar en el desierto. Sí es verdad que me resbalo en las rocas, me caigo en la nieve y soporto el clima adverso, pero también puedo nadar en el agua, puedo ver los amaneceres y los atardeceres desde una perspectiva diferente a la que tiene la mayoría.

            Ya no pienso que el diagnóstico de trastorno de personalidad es un diagnóstico incapacitante.  Más bien puedo ver el mundo desde una perspectiva más amplia, de júbilo, de pena profunda, una emoción más fuerte de enfado y un sentido más profundo de la compasión. Puedo entender a las personas.  A pesar de todas las emociones que tengo debido a este trastorno, ahora puedo ver la vida como una aventura para vivir en vez de sólo para sobrevivir.


            Por favor recuerda que no estás sólo en esta batalla. Hay muchos de nosotros que han pasado por este entrenamiento antes. A veces tenemos que trabajar mucho para sobrevivir en la montaña, pero también hemos aprendido cómo convertirla en unas vacaciones.
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