20 de enero de 2015

Feliz cumpleaños compañera de desayunos.



Sé que no te gusta que te lo recuerden, que como otros integrantes de la Junta Vecinal hemos decidido dejar nuestra edad en los 19, o en otros los 16, pero hoy, Amaia, cumples 22 años, 22 años de los cuales yo he estado a tu lado a menos cinco/seis de ellos. Qué sé que lo hemos discutido largo y tendido, que lo he escrito aquí alguna que otra vez, y que queda ya más que claro, pero es que está sonando Simple Plan, nuestro Simple Plan (incluido en la etapa emo), pero hace cinco o seis años empezamos a hablar por culpa de llevar unas manzanas más verdes que la hierba recién mojada, ácidas como ellas solas excepto para ti y para mí que eran eso, manzanas, quizás por eso desde el principio, aunque no nos diéramos cuenta, compartiendo ambas esa pasión por ese tipo de manzana, que se asemejaba a cada uno de nosotras, sabíamos que algo iba a ocurrir entre tú y yo, pero ¿quién diría que hasta este extremo? Eres la primera persona la que le conté aquello, la única con la que puedo abrirme en completo, eres el CSI en persona, mi musa para las sesiones de fotos, mi Flapper Girl y yo tu Miss Brightside, la Generación Encontrada, las guerreras, y no seríamos nadie sin nuestros cotilleos, las observadoras de Jambacas, la persona que se ríe cuando imito a mi tia o véase cualquier clase de cani, las foto terroristas, las dos gilipollas que sufrieron pero que ahora van sabiendo que los hombres son unos capullos (¿a que lo has leído con tu voz de enfurecida?), las imitadoras de hombres pulgar, mi Jesús véase Pierre, mi amiga. Porque hace unos dos tres años te conté como mi madre y su amiga Carmen quedaban desde jóvenes para desayunar, y aquí estamos, haciendo lo mismo, esas mañanas en Regma, con nuestro querido camarero que ya se conoce el croissant (o napolitana, cuando te da el locurón aunque luego estés toda la mañana arrepintiéndote después) con café con leche y mediano y selva negra. Porque eres la excepción que confirma mi regla de siempre perder gente, ya que aquí estás, estando en Oviedo en Santander en China, siempre estás, y siempre estoy para ti. Siempre diré esto, pero tengo mucha suerte de tenerte, de saber que una noche contigo tiradas en el suelo porque “nuestras piernas parecen que fiuuu” o una de cine, con disgustos, Peetas, y unos 3D (no voy a explicar la tontería de los 3D que siempre haces) hacen sentirse a una infinita. Siempre que puedo leo tu carta, ese momento en el que pusiste: Ahora te pido que enciendas tu ordenador y pongas “Héroes”, ¿no te sientes infinita? Pues ahora quiero que lo enciendas tú, te pongas a Leonardo Dantés o a Papote Malote… ¿No te sientes infinita? Ocho palabras, un solo significado: Te quiero.

Gracias.



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