24 de diciembre de 2014

Fin de año.


Uno nunca sabe cuando el valor te invade y decides soltar esas cosas que siempre has sentido, que siempre te has guardado. Pero esas veces llegan, te empapas de todos los sentimientos que te cubren el cuerpo, notas la tormenta en tu interior, y sabes que debes pararla. Y lo haces, te paras, tomas aire. Primero aspiras contando hasta cuatro, expiras contando cuatro, vuelves a tomar aire, contando hasta seis, expiras hasta seis… Así hasta ves que la tormenta ha pasado, ahí es cuando observas: ¿cómo ha ocurrido, por qué lo he hecho, que razones tenía para ello, era correcto? Los pensamientos de una persona con trastorno límite de la personalidad como yo son un peligro, porque la más mínima cosa nos desarma, de ahí surgen los filtros negativos: nunca serás suficientemente buena, estás gorda, no eres nada. Pero aquí estoy, observando y comentando, por primera vez, y seguramente la última, sobre lo que ocurre, estoy contando la tormenta. Desde siempre las navidades han sido para mí la peor época del año, a pesar de amar la lluvia que siempre se cuela por la ventana, me pasaba las fiestas triste, no sintiéndome cómoda conmigo misma, y me encerraba, me quedaba en mi esquina, callada, dejando que todo pasara lo más rápido posible, observando la comida, pensando en cómo eso afectaría en mi cuerpo, más desde que la persona que crees que te quiere te dice, y varias veces, que una chica en el metro se ha asustado observando tu culo enorme, o cuando en casa cada día se bromeaba con tu físico, nunca has de llamar a nadie gordo, porque es eso algo que, ahora, dos años después, sigue pesando, sigue afectando. No quiero decir que no haya dejado de comer o que incluso me haya hecho vomitar, pero si he pasado casi una semana sin probar bocado, porque creía que esa era la solución, la vía rápida, así si esa chica que dijiste se volvía a cruzar conmigo se fijara pero en cuan delgada estaba. No estoy segura de si fue por aquel comentario cuando comencé a tener desórdenes con la comida, quizás es algo que desde pequeña me había pasado, pero no importa cuando empezó, lo que importa es que lo admitas y lo compartas. Uno nunca sabe cuando ha empezado a tener una enfermedad, no hasta que alguien te viene y te dice “eh, tienes esto”, y comienzas a tratarlo, ahí en cuando entonces observas, sin criticar, porque eso no te va a llevar a nada excepto empeorar, a hacer más grande el ovillo de hilos. Recuerdo que una persona me dijo “tú lo que quieres es estar enferma, por eso te comportas así”, pues mira, quizás es verdad, y quizás me estoy comportando sobre mi trastorno con demasiada exageración de la debida, pero creo solemnemente en que las enfermedades mentales también son un problema, y que como todos, se pueden curar, y que gracias a esto que tengo ahora me estoy dando cuenta de muchísimas cosas, de acciones que hago cada día que ahora sé que no son correctas, y sé que se puede salir de ello, para eso llevo dos años en terapia, y me da igual lo que penséis, que estoy loca, que en realidad no es nada, pero es lo que tengo, es lo que soy, y voy a solucionarlo. Con esto he aprendido que no estoy sola, antes pensaba que, en cuanto hiciera un amigo o amiga, esta se iba a ir de alguna manera por mi comportamiento, hay días que todavía lo pienso, que esto que sufro solo podía curarlo yo, que para qué iba a contarlo si no lo iban a entender, pues todo es mentira. Si lo cuentas te creen, te quieren, te demuestran que no estás sola, y que debes expresar lo que sientes. Yo comencé contándoselo a mi mejor amiga, Amaia, todavía lo recuerdo: sentadas en la bahía, mirando al mar. Sabía que tenía que hacerlo, no podía guardárselo, porque si ella me lo cuenta todo, porque no iba a hacerlo yo. Después a mi madre, su reacción fue la que más me sorprendió, sin duda, y aunque hay días que pienso que le da igual, sé que no es así, y si lo pienso se lo cuento y me asegura que no es así. La última a la lista fue mi tía, después de guardarme lo que sentía, de dejar que la tormenta se apoderara, se lo dije, porque mi tía es como mi hermana, porque tras 21 años siendo uña y carne no podía aguantar más, aunque más bien ella me lo sacó a la fuerza, pero salió que es lo importante. Y ahora aquí estoy, en este sitio que ha sido mi cueva desde hace ya… Ni sé cuántos años tiene este blog. Afirmando que sí: me he odiado, he odiado mi cuerpo, me he autoinfligido daño, mucho daño, y he pesando que el mundo sería el mismo si yo no estuviera en él. Es muy difícil admitir esto, pero aquí estoy. Porque llevo dos años callada en cuanto a mí misma, y creo que va siendo hora, a una semana de terminar el año. Recuerdo perfectamente mi entrada de hace un año, donde decía que el 2014 iba a ser mi año, que lo iba a disfrutar, que iba a ser épico. Y, en realidad, lo ha sido: he viajado, he conocido gente, he dejado de estar ciega con otras, he salido de fiesta, he realizado cosas, he terminado unos estudios, hasta incluso entregar un proyecto, he empezado cosas como tatuar, ¡hasta incluso tengo trabajo! Pero también me he visto cohibida por mis sentimientos, por guardarme las cosas, he seguido recayendo en las cuchillas, no comiendo, no siendo la antigua Lucía, esa que cantaba sin motivo alguno, que no sobrepensaba. Pero desde hace ya tres meses, cuando he comenzado a terapia, esto ya no es así. Que ya puedo volver a cantar canciones por casa simplemente porque quiero cantar, a no usar el daño a mi misma como forma de escape, porque en realidad lo era, buscaba el solo sentir dolor, para así no tener que pensar en otra cosa, solo el dolor; a saber que soy algo, que merezco vivir, que realmente puedes vivir aunque te ocurran cosas malas, a aceptar y ser aceptado. Jamás criticaré lo que me ha pasado en mi vida, porque tú tenías tus motivos y yo tengo los míos, la paz es el respeto, comenzando por uno mismo a poder ser y luego abriéndote al resto. Es por eso quizás por lo que estoy aquí. Porque sé que estas navidades no van a ser iguales, porque no me quedar en mi esquina viendo todo y sufriendo por dentro. Yo soy dueña de mis pensamientos, soy capaz ya de controlarlos cuando me sobrepasan, y si no lo consigo lo cuento, busco ayuda. Sé que quizás es difícil de digerir tanta información quizás te de igual, o quizás te sientes identificado (si es así, por favor, no te lo guardes, busca ayuda y sigue fuerte, porque eres maravillos@), pero aquí está, esta es mi pequeña historia, la cual no tiene inicio, porque uno nunca sabe cuándo empieza a experimentar estas cosas, no sabemos si desde niños  cuando ya somos adultos, y tampoco tiene el final, ¡que tengo 21 años! ¿Cómo voy a querer que termine  cuando estoy en la edad perfecta para hacer todo lo que quiera? Por eso este 2015 que entra propongo algo: sé tú mismo, exprésate, sé fuerte, tú puedes con ello, y si te caes, piensa que te vas a levantar con más ganas. El cambio existe en cada uno de nosotros, y si no empezamos a aceptar que esto así no avanzaremos, de ninguna de las maneras. Termino dando las gracias a todos aquellos que han aceptado a esta Lucía, que a veces se hunde pero que vosotros siempre la queréis, y, a los que no lo hacen o ni siquiera me conocen: Feliz 2015.


Seguid fuertes.

Love always, L.





















No hay comentarios:

Publicar un comentario

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...