24 de diciembre de 2014

El retorno del viejo pintor.


Vuelta de nuevo a su estrella, el Empire State se alzaba impoluto sobre la fina y delgada línea de edificios de Nueva York, decorado con una retahíla de luces variopintas, el corazón del antiguo pintor se hinchaba de orgullo observando su estrella, siempre siendo la más brillante, incluso cuando la ciudad que nunca duerme era ahora también la que nunca se quedaba a oscuras. El viejo maletín con pinturas temblaba con fuerza sobre la mano del viajero, hacía meses que no volvía a aquel lugar, demasiados recuerdos, demasiados sueños, demasiadas batallas, todas perdidas, quizás aquel objeto también sentía la presencia del lugar, al igual que él ya por fin lograba captar el olor a asfalto y comida rápida, oía los pitidos de los coches sin que le molestasen, palpaba las columnas que soportaban el edificio. Si él fuera un escritor y no un pintor podría contar lo que había ocurrido hasta su vuelta, la de vidas que había conocido, la de cuadros que había pintado. Pero no lo era, era aquello: un pintor de espalda curva, mirada corriente y manos temblorosas, plantado delante del Empire State como un turista más. Sólo ese color grisáceo conocía y había de saber su historia, era el secreto entre pintor y musa, aunque la mayoría de las musas las solemos tener en nuestra cabeza, aquella era algo físico, quizás demasiado idealizado, ahí estaba el secreto de ese estímulo. El sonido de las campanas marcando las doce devolvieron los nervios a la realidad, el pintor subió la colina que hacía verse Time Square en su totalidad, tan perfecto, tal parabólicamente recto, tan lleno de vidas que iban y venían cada día por él, así pues nuestro pintor tomó de nuevo sus colores, su cuaderno amarillo siempre amarillento, y se dispuso a captar una noche más lo que aquella vista le hacía encoger el corazón, temblar sus pestañas e inflar los pulmones. Tres, cuatro, en menos de un pestañeo ya estaba terminado, su estrella, sus calles, su gente. Pero algo había cambiado con respecto a su anterior visita, las líneas eran más apretadas, el pulso más firme, la respiración menos agitada. ¿Por qué había vuelto entonces? Porque uno no puede separarse de lo que deja atrás, no puedes poner una cortina en el cielo para que la luna deje de brillar, al igual que el Empire State jamás dejará de ser su estrella. 



No hay comentarios:

Publicar un comentario

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...