28 de octubre de 2014

Lost Stars.



               En la parte trasera de un cheevy Impala antiguo viajan sin destino alguno aquellas dos almas. Ella, pelo moreno claro retirado de la cara para poder observar el mundo que pasaba por la carretera en cada instante, un vestido plisado de flores como única prenda que pudo coger antes de huír y los labios rosados, afrutados y con restos salados de tantos besos compartidos por lo corto que llevaban de noche. Él, pelo negro cual cielo y las manos fuertes, agarradas en el manillar del coche, dos ojos azules cual océano, perdidos en el final de la carrera. En la parte trasera, lo básico, dos guitarras a cada cual más tocada, más usada para cantarse mutuamente, dos maletas llenas de lo primero que uno toma cuando quiere salir huyendo de la ciudad, en una carrera invisible contra la nada, y una cinta de música, rayada de las infinitas veces reproducida.
                La noche caía suave sobre el cielo, dejando mostras las estrellas, que no solo brillanaban en el cielo sino en las miradas de los viajantes, esperanzados, en el fondo… Felices. No están seguros de si aquello era una gran idea o una locura, pero era una aventura, una ventura juntos. Ella alarga su mano y toca una de las de él, para acompañarle en la conducción. Él la sonríe de lado, contento de tenerla a su lado, de estar juntos en aquello. La cinta de música gira en el reproductor y vuelve a sonar por incontada vez, llenando el vehículo de aquella melodía que, para ellos, era su secreto, la habían escrito entre ambos en una pequeña azotea de Nueva York, cuando la noche iluminaba las partituras y los pitidos de los coches marcaban el ritmo de la canción.

                Si hay algo mejor que huír en la nada, que se lo cuestionen a los soñadores, a ellos dos. Porque están seguros de que no existe mejor satisfacción que aquella. Sus manos se juntan, en un puño, fuerte e indivisible, mientras el solo de la guitarra sube por sus oídos, se cuela en sus huesos y hace mover sus cabezas, riendo al unísono. Pronto amanecerá, pero el momento bajo la luna parece infinito, al igual que la carretera, larga y estrecha, sin ningún coche alrededor, de solo la respiración de ellos y alguna que otra queja del coche, viejo  y usado para tantas aventuras.
                
                  Una mirada compartida, un sonrisa de lado, la cinta da la vuelta.


                Esto no es real, es solo una imaginación, un recuerdo vago, un suspiro en la oscuridad, en la oscuridad de aquella noche, iluminada por las estrellas perdidas del firmamento.




No hay comentarios:

Publicar un comentario

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...