27 de agosto de 2014

Somebody to you, like a skyscraper.


             Caminaba por la estrecha acera de la ciudad de Nueva York en un día gris, la lluvia caía pero se dejaba mojar, ¿para qué usar paraguas? Te hace golpearte con gente, aunque incluso en Nueva York es innecesario utilizarlos de los miles de paraguas que ya te cubren. En los auriculares Demi Lovato, como costumbre aterciopelando los oídos y haciendo trizas el cerebro. Nueva York es una Ciudad de Papel habitada por gente de papel, esquivaba estas personas con solo mirarlas, soplando un aliento frío. La vista en unas converses negras bajas, llenas de barro y frías por la lluvia, su sombra el rastro de todas las personas que, por algún mísero segundo, habían aparecido en su vida, pesaba como siempre, como llevaba haciendo su corta vida de adolescente. Jugueteaba con el borde de su camiseta de Spiderman, algunas personas (las de papel) la miraban raro, pues no llevaba ropa de papel, no caminaba como las personas de papel, era distinta en la ciudad de papel, y ya por eso debía ser repudiada. Caminaba entre las personas de papel, centrada en su música, en la letra, en el mísero piano roto que alguna vez tocó solo para comparar el frío de sus manos con el de las teclas, tocando una sinfonía muda.                
              En ese momento una brisa más fuerte, que arrastró a todas las personas de papel, la hizo levantar la vista. Sus ojos se centraban ahora en un rascacielos.  Solo ella podía verlo y solo ella podía describirlo, las palabras serían cortas y estúpidas para expresar la belleza que se encontraba a escasos metros de ella. Era increíble lo alto que era, las heridas de vivir en Nueva York eran palpables en sus costados, aunque algunas heridas eran prácticamente invisibles, se podría decir que las estaba mostrando exclusivamente para ella. Pero, a pesar de todo esto, seguía siendo hermoso. Esa misma brisa la susurró en el oído al acompaño de su guerrera musical que había sido demolido hace meses, pero que se había vuelto a levantar con la forma que ahora estaba viento.

             Algo surgió en ese instante, ella fue el rascacielos y el rascacielos fue ella. Juntas se dieron una mano invisible pero fuerte y se enfrentaron a la Ciudad de Papel, a Nueva York, que ya empezaba a atenuar dejando ver débiles estrellas en el cielo.




(Texto inspirado en mi Rascacielos, gracias por ser mi cero a la izquierda que forma un infinito)

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