30 de agosto de 2014

Fotografía Nocturna






Si ella estuviera mejor, o usted más enfermo, las estrellas no se habrían cruzado de forma tan terrible, pero la naturaleza de las estrellas es cruzarse, y nunca Shakespeare se equivocó tanto como cuando hizo decir a Casio: «La culpa, querido Bruto, no la tienen nuestras estrellas / sino nosotros». Es muy fácil decirlo cuando eres un noble romano (o Shakespeare), pero nuestras estrellas tienen no poca culpa de lo que nos sucede. 





Lucy: aquí os dejo una pequeña muestra del cursillo de fotografía nocturna realizado por Zona5 y con Jose Manuel Feito. El resto en mi Flickr

27 de agosto de 2014

Somebody to you, like a skyscraper.


             Caminaba por la estrecha acera de la ciudad de Nueva York en un día gris, la lluvia caía pero se dejaba mojar, ¿para qué usar paraguas? Te hace golpearte con gente, aunque incluso en Nueva York es innecesario utilizarlos de los miles de paraguas que ya te cubren. En los auriculares Demi Lovato, como costumbre aterciopelando los oídos y haciendo trizas el cerebro. Nueva York es una Ciudad de Papel habitada por gente de papel, esquivaba estas personas con solo mirarlas, soplando un aliento frío. La vista en unas converses negras bajas, llenas de barro y frías por la lluvia, su sombra el rastro de todas las personas que, por algún mísero segundo, habían aparecido en su vida, pesaba como siempre, como llevaba haciendo su corta vida de adolescente. Jugueteaba con el borde de su camiseta de Spiderman, algunas personas (las de papel) la miraban raro, pues no llevaba ropa de papel, no caminaba como las personas de papel, era distinta en la ciudad de papel, y ya por eso debía ser repudiada. Caminaba entre las personas de papel, centrada en su música, en la letra, en el mísero piano roto que alguna vez tocó solo para comparar el frío de sus manos con el de las teclas, tocando una sinfonía muda.                
              En ese momento una brisa más fuerte, que arrastró a todas las personas de papel, la hizo levantar la vista. Sus ojos se centraban ahora en un rascacielos.  Solo ella podía verlo y solo ella podía describirlo, las palabras serían cortas y estúpidas para expresar la belleza que se encontraba a escasos metros de ella. Era increíble lo alto que era, las heridas de vivir en Nueva York eran palpables en sus costados, aunque algunas heridas eran prácticamente invisibles, se podría decir que las estaba mostrando exclusivamente para ella. Pero, a pesar de todo esto, seguía siendo hermoso. Esa misma brisa la susurró en el oído al acompaño de su guerrera musical que había sido demolido hace meses, pero que se había vuelto a levantar con la forma que ahora estaba viento.

             Algo surgió en ese instante, ella fue el rascacielos y el rascacielos fue ella. Juntas se dieron una mano invisible pero fuerte y se enfrentaron a la Ciudad de Papel, a Nueva York, que ya empezaba a atenuar dejando ver débiles estrellas en el cielo.




(Texto inspirado en mi Rascacielos, gracias por ser mi cero a la izquierda que forma un infinito)

13 de agosto de 2014

“Oh captain, my captain, you will be missed.”




«El día de hoy no se volverá a repetir. Vive intensamente cada instante, lo que no significa alocadamente; sino mimando cada situación, escuchando a cada compañero, intentando realizar cada sueño positivo, buscando el éxito del otro; y examinándote de la asignatura fundamental: el amor. Para que un día no lamentes haber malgastado egoístamente tu capacidad de amar y dar vida» (El club de los Poetas Muertos)
«Carpe diem. Vive el momento»

Always.

Retrato de una ansiedad.

            


      Estás solo, y no puedes controlarlo.
    La respiración se te acelera sin motivo, ya puedes estar caminando por la calle como tirada en un rincón de tu (cueva) habitación. Notas las manos temblar, te las miras, porque no puedes entender por qué lo hacen, y te las llevas sin darte cuenta a los brazos. Te arañas los brazos, concentrarte en el dolor te sirve de ayuda, al menos durante unos segundos, a controlar aquello, pero sabes que siempre se te irá de las manos. Luego te pasas las manos por la cara, resoplando y temblando por completo, te estiras la piel, o al menos lo poco que queda de ella. Entonces las notas corres, lágrimas. Sal concentrada que tuerce tú gesto y despedaza tus mejillas, caen como un torrente imparable, y tú solo puedes intentar pararlas colocando las manos en la cara. Uno, dos, tres gemidos. Te ahogas, el corazón late a miles de latidos por segundo. No puedes pensar, no puedes actuar, solo puedes dejarte llevar, pues ya estás demasiado perdido como para poder controlarlo. Te levantas, caminas, te mareas, te sientas, escondes la cara entre las rodillas, como seguramente te diría cualquier médico que reconociera lo que estás pasando ahora  mismo. Poco a poco el corazón va más despacio, pero viene la peor parte, la cabeza estalla. Te duele, como si te metieran balas despacio por cada poro de tu cerebro, te taladra despacio. Ahogas un gemido, que se mezcla con un primer grito, de ayuda. Pero la ayuda no sirve, estás solo, nadie sabe que sientes, que haces, y menos tú mismo sabes que hacer, excepto a lo que estas acostumbrado a hacer. Se pasan los segundos mientras tú sudas, tanto que te arrancarías la piel hasta quedarte en los huesos, para así poder sentir algo que no sea el calor y el estrés en el que estás ahora. Poco a poco apartas las manos, las observas y ya no tiemblan. El cansancio hace que dejes de sudar pero todo lo pasado antes se convierte ahora en algo tan doloroso y pesado que no puedes con ello. Parece como si todo el planeta se tirara en tus hombros. Y entonces sabes qué hacer, te levantas, coges todo ese peso, te pintas una sonrisa en la cara y buscas el aire, para que se lo lleve. Callas los golpes de pensamientos con el viento, frío y refrescante. Añades un tachón más en el calendario y esperas, muy en el interior, que no vuelva a pasar. Aunque está claro que eso nunca se sabrá.

              
    Sigues estando solo.







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