20 de abril de 2014

Allí donde suelo gritar.



Uno nunca sabe que va a derivar una hoja en blanco, los más altos escritores, pintores y directores siempre hablan de la lucha contra el papel, contra la hoja en blanco. Cierto es que cuesta “ponerse a ello” aunque a veces nos da la locura, de eso que son las cuatro de la mañana y tienes que escribir escribir y escribir, y no nos para ni la mayor atrocidades. De hecho hoy es uno de esos casos, hace mucho que no sacaba las lágrimas a pasear por mi ciudad absurda, tenía que haber exprimido mejor aquel instante pero la vida sigue y hemos de ser fuertes. Así pues, ya tenía esta entrada pendiente pero no sabía cómo iniciarla, ni siquiera sé si esto es una introducción.
Soy un pájaro absurdo, antes encerrado en la jaula de su ciudad y ahora libre, pero absurdo al final. Me pongo nerviosa en nada, mis manos tiemblan, me retiro el pelo tras las orejas y suelo taparme la cara con las manos. Y tiemblo, tiemblo demasiado, casi puede parecer que estoy en el ártico. Soy tan tan torpe que no solo tropiezo con la misma piedra sino que doy media vuelta y la vuelvo a tropezar, aunque algunas ocasiones también la pego una severa patada. Torpe también en cuanto abrazar, cosa que hago bien poco, no sé qué se hace con los brazos aunque si me das la opción de probarlo déjame confesar que adoro esconder la cara entre un pecho o posar mi barbilla en un hombro, pero seguiré sin saber qué hacer con las manos. Mi pelo varía a lo largo de las horas del día, soy de esas chicas que esconden la cara entre el pelo para que nadie vea lo que esconden, aunque un buen moño durante el estudio no me lo quita nadie. Siempre tengo las manos calientes, eso es algo que desde pequeña no he podido cambiarlo porque el resto del cuerpo soy totalmente de hielo, por dentro y por fuera. Y el exterior no es solo la bolsa de basura que adorna el interior. Cuando digo que soy un pez también incluye el hecho de que tengo una memoria como ellos, cosa que se ha ido acentuando con el paso del tiempo, y también porque amo el mar como un marinero, puede que no tenga sentido del olfato pero la sensación de sal en los brazos siempre me estremece. Libros, café y música como estilo de vida. Tal vez incluyendo alguna película, una buena idea para tardes grises es una reflexión Alleniasca o una tunda ruda y bestia de mi Tarantino. Todo es real, no hay nada de pega, quizás eso es lo que me falla. Entre mis vicios están el chocolate y que me acaricien el pelo o me rasquen las espalda, quizás pueda decir que tengo mentalidad de gato podemos incluir, ah, también adoro dar datos sobre sitios, edificios o cosas que a nadie más le interesa.  Desde que los monstruos me atraparon me he convertido en la arquitecta de mi propio desastre, suelo temer a la gente pero primero me temo a mí misma. La noche es oscura y llena de terrores, suelen decir en Juego de Tronos, y eso se aplica a mi propia persona. Pero déjame aclarar que si me tienes a tu lado nunca voy a soltarte, eso tengo dos pruebas vivas de que esto es real.

Soy absurda, como la historia.

Con esto creo que voy a romper el papel en blanco y prenderlo con el montón de los quizás, procedemos a una noche de insomnio sin final a la vista. Firmo las hojas con sal y lágrimas, mañana será un nuevo día y hemos de seguir luchando.

Now, I´m a warrior.


Love always, L.-

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