15 de noviembre de 2013

Asleep.


Pongámonos en situación, así por variar: una casa fría, oscura, sólo llega la tenue luz de un flexo enroñecido por su uso, una habitación fría, decorada por cientos y cientos de fotos, y una cama. Una cama fría y solitaria, con olor a sal de tantas lágrimas derramadas.

“Sing me to asleep” susurré, acercando mis labios a la infinita taza de té de aquella noche eterna, que terminaría en una miserable mañana más. Danzaba por la fría habitación, buscando como fuese el modo de sentirme viento de nuevo, pero no conseguía nada. Las paredes me apretaban, el techo me oprimía, y el aire se volvía denso y cargado. Arañaba mis brazos y mis piernas en busca de piel, de una muestra de que todavía podía seguir siendo humana. Buscaba el sueño de la razón, pero otra vez estaban los monstruos, produciendo sinfonías estúpidas en mi cabeza, impidiendo que saliera volando una noche más. Notaba el frío por mi piel, haciéndome estremecer y convirtiéndome en invierno. Sí, estaba llegando, mi estación favorita. ¿Y por qué entonces no sonría? Por aquellas malditas paredes y aquellos monstruos. El invierno vive fuera, no dentro. No necesita calor, no necesita que le digan cuando o cómo venir, qué hacer, qué pensar. Arañando con fuerza mis huesos me propuse a gritar contra lo que me ataba. Los monstruos podían ser vencidos, quemados en una hoguera, o tirados en una esquina, como ellos habían hecho conmigo tiempo atrás. Sentía que debía dejarlo ir, es lo justo. Y, para hacerlo más fácil, había conseguido vivir sin aquellos monstruos. ¿Y por qué este nombre? Seguramente te estés preguntando (porque sé que te ENCANTA pasarte por aquí) el origen de los monstruos. No sabría darles un inicio, como tampoco puedo darles un final. Hay pocos monstruos, pero siempre creados por la búsqueda de la razón (si piensas que es un insulto, búscale el lado poético de la vida), aquella razón absurda. Si amas a alguien, debes de dejarlo ir, ¿entonces, por qué a mí no me estabas dejando ir, por qué ese monstruo seguía diciendo que no buscara la razón, que no soñara, que no viviera? Otra vez las paredes me oprimían, pero esta vez no iba a ser tan fácil. Ya me habían aplastado una vez,  llevándose conmigo mi cordura, mis sueños, mi alegría, y mi vida. Pero gracias a ello crearon a otro monstruo. Porque todos somos monstruos, pero hay unos buenos y otros malos, como bien vemos en las películas de Pixar.

“Don´t try to wake me in the morning cause I´ll be gone” gritaba sobre las paredes, gritaba con tanta fuerza que habría despertado a la Montaña y así haber conseguido que fuera a donde estaba Mahoma. Y derribé las paredes. El invierno se deshizo en pequeños copos de nieve, convirtiéndose en agua, haciéndome pez. Saltaba por entre las paredes de recuerdos para poder sentir el sol, quería sentirme otra vez cerca de él. Pero esta vez no como el viento, rondando siempre por nuest(tu)ro cabello, sino como pez. Como pez en el océano, como una forma absurda y utópica. Invierno, pez, monstruo. No sabría definirme.

¿Y qué ocurrió entonces?

 El resto, como suele decirse en el cine, es otra historia…



Love always, L.-

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