15 de julio de 2013

I wish you where with me right now.


Es difícil a veces mantener la misma pasión creativa durante años. Máxime cuando lo de fuera se cuela sin querer en tu interior, como un virus, y te bloquea las ganas.  Durante años me he sentido libre con mi máquina y con mi vida, pagando con creces mis facturas, dejando propina en los bares o, en última instancia, confiando en el sistema sanitario. Vivía en un mundo ajeno, muy propicio para esto de la creatividad literaria ya que, entre otras cosas, el gobierno de turno no molestaba demasiado ni se colaba en mi casa. Y es que para escribir, para centrarme en cualquier historia, sólo necesito que todo lo demás me importe un carajo.
De un tiempo a esta parte he dejado de sentirme libre, al menos no como antes. Ahora muchos de mis textos me resultan más forzados porque a veces me cuesta un riñón centrarme en ellos o dotarlos de la frescura de quien no le tiene miedo a nada. Le he dado mil vueltas a esto y os podrá sonar a excusa, pero creo que la culpa, en gran medida, la tiene el clima social que ahora estamos sufriendo. No puedo evitar que me afecte estar gobernado por una banda de sinvergüenzas sin escrúpulos que tapan sus miserias a la vez que desmantelan los pilares básicos del bien común: la sanidad pública, la educación, las pensiones. O mientras despido a mis amigos de siempre o a familiares directos, gente formadísima, porque no les queda otra que emigrar. Me es imposible encender la tele, o la radio, o leer periódicos, o charlar con usuarios de mi taxi sin que me hierva la sangre. Todo a mi alrededor es pesimismo y resulta difícil aislarse de eso. Resulta difícil encender el ordenador y darle a la tecla sin que se cuele, aunque sea sólo por una rendija, ese fango acumulado. Lo sigo intentando, amo esto, pero es difícil.
¿Solución?


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