15 de enero de 2013

Demasiado rojo para tan poco gris



El frío de Diciembre danza por mis costillas. No quiere marcharse. Y eso que Enero le ruega que es su momento. Pero nada. 
Desvarío entre recuerdos. Tú y tus gemidos. Tú y tus mordiscos. Tú y tus dedos. Tus manos. Tu sonrisa. Tu piel erizada. Ay. Desaparece. Deja de empujarme a esta degradación en blanco y negro. Olvida la gama de grises que escondo entre labio y labio. Lárgate. El corazón comienza a difuminarse cuando los sentimientos susurran nostalgias de ti. Deja de convertirme en holograma. Déjame ser yo. Sal de mí. 
Vete, cielo. No vuelvas. 
Dicen que un clavo saca a otro clavo, también que el amor dura para siempre. Todo es mentira. Las palabras, los hechos, los recuerdos, las relaciones: todo quema, todo jode, todo hiela. Así que por favor,aléjate. Olvida que las canciones hablan de ti. Olvida que aquel banco tiene dibujado tu nombre. Olvida que las cartas que escribiste siguen oliendo a ti. Olvida todo. No aparezcas cuando pase por ahí. Cuando te escuche, cuando te vea, cuando te sienta. No aparezcas. No me duelas.
Deja que el bolígrafo me cure. Deja que el papel sangre por mí. Déjame ser libre. 
Amor, sal de mí. Arráncame las mariposas del estómago y vete.  
Ya no quiero saber de ti

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