25 de diciembre de 2012

Dear Winter...




El invierno ha llegado, como estación de paso a un nuevo año. Invierno, con sus copos de nieve, su frío, su lluvia y su navidad. Mi Invierno. Querido invierno, ¿vas a ser mejor que el del año pasado?
Contigo se va 2012, un año inolvidable. Un año mejorable. Un año cuya primera mitad fue dolorosa y cuya segunda mitad fue una salvación. ¿Por qué cambiar tanto?
Ay, invierno, eres mi estación favorita y siempre me haces sufrir. 

Siempre comenzamos el año pidiendo: por favor, sé mejor que este año recién pasado. Y siempre volveremos a pedir lo mismo el año siguiente.

Invierno, eres quien compensa un año y otro, el que vive todos los cambios de números, ¿no te desestabiliza un poco? 
Ahora vas a cambiar de 2012 a 2013 sin más, creerás que ese cambio que dura un segundo va a cambiar también tu situación. 

Y sin embargo, que cambiemos de año no significa que cambie nuestra vida. Sólo cambiará un número de cuatro, ¿qué importancia tiene?

Invierno, seguirás equivocándote como cada nuevo año, escribirás 2012 en vez de 2013 en todos lados. Seguirás siendo feliz si lo eres ahora o serás infeliz. Pero seas lo que seas cambiará y no por el nuevo año sino por el ciclo de la vida. 2013 será como 2012 sólo que serás un año más viejo, tendrás más conocimientos, intentarás no equivocarte en lo mismo de siempre, sonreirás veinte mil veces y llorarás veinte mil más.

¿Y sabes por qué, querido Invierno?
Porque la vida no te cambia con las doce campanadas, te cambia si tú te lo propones.

Ay, Invierno, sé mejor que el año pasado y todos los anteriores y tráenos de una vez a todos un año, 2013, donde podamos ser felices para siempre.

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