5 de noviembre de 2012

El bueno, el malo, y yo



Llueve, pero la lluvia no basta para limpiarlo todo. La lluvia no desenmascara al gilipollas, como tampoco los charcos sirven de espejo al hipócrita. La lluvia no es un compuesto de agua y aceite: no separa el bien del mal. El malo, el cabrón, el de la conciencia anestesiada, seguirá con su disfraz de bueno y se aprovechará, como siempre ha hecho, del que realmente lo es, del incauto, del inocente, del cabal. Y mientras tanto el bueno seguirá en silencio, ¿por qué hablar si no hay motivos para fabricar excusas?, y el malo sembrará sospechas alrededor de ese silencio. Es cruel pero fácil hablar en nombre del mudo, marcarle el camino al ciego, robarle el tacto al mutilado.
Tampoco es posible arrinconar al malo. El dependiente malo roba al cliente incauto. El cliente malo roba al dependiente incauto. El dependiente que roba pondrá mil excusas, a cual más imbécil, para justificar sus actos. Ni siquiera lo llamará robar, usará eufemismos. El frutero que roba usará eufemismos. El fontanero que roba usará eufemismos. El político que roba usará a su equipo de asesores.
Yo soy dependiente pero también soy cliente. No me considero buena. Tampoco mala: sólo observo a los unos y a los otros. Y siempre que llueve, aunque la lluvia no separe el bien del mal, me mojo.
No sabría definirme. Tendría que verme desde fuera para saberlo. Aunque de algo sí que estoy segura: Todo aquel que relativiza con el bien y el mal, quien se toma demasiadas molestias en buscar matices, es malo.
Dale otra vuelta.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...