30 de octubre de 2012

La historia del pescador y la escritora (basado en sueños reales)




Ella estaba sentada en un banco cercano a él, con unos enormes cascos blancos, su sudadera más mullida, y un cuaderno lleno de apuntes indescifrables. ¿Él? Estaba posado en el mismo banco, mirando la punta de su caña que no se movía des hace dos horas. Ella acababa de llegar, él ya estaba deseando irse.
Una mirada indiscreta cruzó la mirada del pescador con el cuaderno en el que la joven había comenzado a garabatear lo que parecían palabras, estaba escribiendo. El pescador miraba a la escritora dejarse la mente, apretando sus cejas hasta tocar las gafas de pasta que tenia, y mover la mano con rapidez, al tiempo que paraba y miraba al cielo y a los edificios.
“¿Tú eres turista, verdad?” se atrevió a preguntar él mientras ella alzaba la ceja y se quitaba los cascos. Ella lanzó una mirada socarrona al joven, debían rondar la misma edad. “Pues no, vivo a escasos metros de aquí ¿Es que acaso lo parezco?” preguntó ella mientras retomaba su escritura, lanzando miradas rápidas al chico, el cual apartaba la vista y se sorprendía.
El silencio hizo meya entre aquellos jóvenes, él miraba su caña que no se movía, y ella dibujaba garabatos que empezaban a parecer letras.
“Bueno, como llevas una sudadera que pone Italia, pensé que no eras de aquí” aventuró a exponer el pescador, sonrojando sus mejillas. Ella se río ampliamente, pensó que igual tenía razón en lo que el chico pensaba sobre ella. Se pasaba el día mirando a aquel cielo que tanto idolatraba, perdida entre su mente y su cielo, bien podía pasar por una turista. “¿Y tú qué?”, replicó ella, señalando al joven, “¿Acaso no eres de aquí? Con tu cañita y tus peces…”, contempló a la vez que señalaba a la caña con pena de que no se hubiera movido.
Él estalló en una gran risotada que hizo que la escritora dejara de mover la mano y levantara la vista hacia él. Un par de niñas pasaron  a su lado, y les señalaron, pero ambos no hicieron caso. “¿Por qué te ríes?” se aventuró a preguntar a la vez que retomaba su escritura, llevaba demasiado tiempo sin mover las muñecas. “Soy de Torrelavega, vengo aquí a pescar para olvidarme de todo, para no pensar en nada, ¿ves que ni siquiera me entristezco pro qué mi caña no pique ningún pez? Es una forma de olvidarme de todo” le correspondió él, señalando la caña que no se había movido ni un milímetro.  Resulta que las apariencias engañan, pensaron al unisonó.
Un pensamiento cruzó la mente de la chica, cual bombilla que aparece encima de tu cabeza los días que no tienes ninguna idea clara,  y su mano respondió a los impulsos. “¿Y tú, por qué escribes?” preguntó el pescador, mirando atento lo que la joven apuntaba con rapidez. “Al igual que tú pescando, me olvido de todos los problemas de mi vida, y tengo que correr lejos para poder conseguirlo”
Otro silencio fue colmado por el sonido del mar, golpeando junto a la pared donde ellos estaban sentados. Tras una breve pausa el pescadero miró a la escritora, observando atento lo que escribía, y la preguntó “¿Y ahora que escribes?”
“Escribo nuestra historia”

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