19 de octubre de 2012

La culpa es de Walt Disney



Cada vez lo tengo más claro. Walt Disney es una fábrica de traumas. Nuestras madres dejaron de ser inmortales por culpa de Bambi. Desde su estreno en ¡¡1942!! los niños ya dejaron de dormir en paz. ¿A qué sádico hijo de puta se le ocurrió meter en la trama una muerte tan injusta? ¿sirvió de algo que el padre de Bambi (a la sazón, esposo de la difunta) fuera el mismísimo Príncipe del Bosque? ¿Y qué me dicen del perfil homosexual de Tambor, el conejo “amigo” del ciervo? ¿acaso el ahora congelado Walt pretendía que acabáramos todos desquiciados? ¿financió la peli un oscuro lobby de psicoanalistas?
Por no hablar de los animales que hablan. Veo a diario las consecuencias de eso. Mujeres que caminan por la calle con sus perros tamaño bolso aunque sin asas (los genetistas darán con ello; dales tiempo), hablándoles en voz alta como si los chuchos fueran doctores en neurociencia: “ahora terminamos de hacer popó y nos vamos al banco a ver si solucionamos el tema de las Preferentes, Frosky, bonito. Dale la pata a la nena. Venga, dale la pata. Dale la pata, Frosky” y si el perro no me da su pata, el amo o ama en cuestión me mira como si fuera mi culpa.
No he consultado ninguna hemeroteca al respecto, pero algo me dice que antes de Bambi esto no pasaba. La gente no iba hablando con sus iguanas por la calle. Vale que Don Quijote hablara con Rocinante, vale que Juan Ramón le hablara a Platero, pero eran locos, se hacían llamar locos y aún no había fármacos para tales fines. Pero ahora, ya ves, esos hombres o mujeres tienen derecho a voto. Crecieron con el germen de Bambi y ahora andan sueltos por ahí. En fin…


Nota: Si Freud levantara la cabeza, remataría a Walt Disney con un picahielos.

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