7 de julio de 2012

Los hijos bastardos de Darwin



La mayor batalla nace de los endebles cimientos de la personalidad. Luchar como perros para asirnos de puntillas a la vida: buscar tendencias, obsesiones nuevas, inflar el tiempo con helio (y si de la hinchazón salen estrías, maquillarlas). Y todo, al fin, para acabar convertidos en una de esas bolsas de patatas fritas que parecen llenas, rebosantes, pero luego abres y descubres la estafa.
Echa, si te atreves, un vistazo a tu entorno y enumera cuánta gente conoces que basa su vida en anécdotas, en lo que tiene y lo que hizo ayer, o aquel verano; cuánta gente alrededor que jamás evoluciona y además presume de enseñarle el dedo a Darwin, gente de la que nada aprendes o peor, te incita a desaprender, a dejarte arrastrar por la desidia, a caer en el bostezo existencial.
Los veo en mi taxi, cada día. Intentas tirar de ellos pero su cuerda es de chicle (y su discurso, un copia y pega de aquí y de allá, como esponjas de lo superfluo). Gente sin alma, sin hambre y sin huella, gente que amó por tradición y ahora confunde el amor con la inercia. Comerciales del día a día, sodomitas sin querer de los poemas. Cofrades del papel de regalo. 
Meras cifras cuando mueran.

¿Cuántos dices? Cada vez son más. O seré yo, que cada vez me siento menos.

2 comentarios:

  1. Es la cosa más bonita,triste,cierta,sincera y real que he leído en muuucho muchísimo tiempo. ME E N C A N T A aunque me deprime un poco porque no puede ser más verdad.

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  2. Te sigo :) ¿Me sigues?
    http://librossueltos.blogspot.com.es/
    Besos

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