28 de abril de 2012

Winter Time



As they say, in April, thousands of water, and this is being met. Makes a terrible cold. Butthat does not mean that we can be cute without going cold. Summer, I'm waiting ...



25 de abril de 2012

Adquisiciones


Todo es de Pull&Bear La cazadora cuesta 19´95,  los calcetines 2´99 y el bolso 17´99

¡Deja de aburrirme y cuéntame una historia!



Érase una vez un escritor que quería que le leyeran. Pero no sabía cómo destacar ante tanta información. Abría los periódicos y veía decenas de noticias interesantes. Los columnistas le daban pavor. “Ellos sí que tienen un público fiel”, se decía para sus adentros. Así que no quería leerles. Los diarios digitales le quitaban el sueño: “¿cómo es posible que la gente se lea todo eso?”, se preguntaba a diario.
Entraba en Twitter y veía cientos de tweets interesantes. “¿Cómo hago para que la gente se fije en mí?”, pensaba. Y no veía solución. Las redes sociales, las cuales al principio habían supuesto para él una auténtica revolución, ahora eran vistas como auténticas enemigas. “Cualquiera puede difundir sus relatos, sin que nadie haga una criba previa”, se lamentaba nuestro escritor, “así no hay quien destaque”. Y, con éstas, recortó su última columna en el diario en el que escribía y se fue a dar un paseo, cabizbajo.
Ensimismado, llegó a un parque en el que había un niño de unos cinco o seis años sentado en el suelo, haciendo garabatos con un palito de madera en la arena.
- Hola, ¿qué haces? – le preguntó el escritor mientras se acercaba hacia él.
- Escribo – contestó el niño.
- ¿Y qué escribes? – volvió a preguntar el escritor.
- Un cuento muy bonito que algún día leerán millones de personas en todo el mundo – respondió el pequeño.
El escritor frunció el ceño, extrañado. Ambos se miraron a los ojos durante cinco segundos. El uno pensó del otro que parecía triste, lo mismo que el otro del uno. Y el niño siguió escribiendo en la arena.
- Nunca llegarás a eso – comenzó a hablar otra vez el escritor.
- ¿Por qué me interrumpes? Estoy creando – respondió el niño, sin apartar la mirada de la arena.
- ¿Es que acaso no puedo hablar? – le dijo el escritor.
- Claro que sí, pero no para quejarte. Eres como todos. No deberías malgastar tu tiempo en eso – le contestó el pequeño.
- ¿Y en qué debería hacerlo? – preguntó el escritor.
- En pensar cómo hacer para que la gente lea lo que escribes.
- ¿Cómo sabes que la gente no me lee?
- Por cómo me hablas. No estás seguro de ti mismo. Y por cómo me has mirado. Tus ojos no son los de un escritor. Al menos, no los de uno de verdad – le contestó el niño sin apartar la mirada del suelo.
El escritor se quedó sin palabras. No podía rebatirlas porque, en el fondo, sabía que eran ciertas. Un silencio atronador se apoderó del parque, de la ciudad, del mundo del escritor.
- ¿Puedo decirte una cosa? – interrumpió el niño.
- Dime – contestó el escritor.
- ¡Deja de aburrirme y cuéntame una historia!
- ¿Por qué dices eso?
- No haces más que lamentarte pero, ¿has hecho algo para remediarlo? ¿No has pensado en que todo el mundo está harto de leer los mismos artículos, titulares casi idénticos, posts de copia y pega? Déjame leer algo tuyo.
- Toma – le dijo el escritor mientras le acercó su columna recortada.
El niño empezó a leer en voz baja.
- Ya está – le dijo al escritor, devolviéndosela y volviendo a fijar su mirada en el palito y la arena del suelo.
- ¿Ya? Es imposible que lo hayas leído tan rápido – se molestó el escritor.
- No lo he hecho. No me enganchaba y lo he dejado – contestó el niño sin levantar su mirada.
- ¿Por qué? – preguntó el escritor.
- Es un mensaje unidireccional. Esto ya no funciona.
- Pero es real. No me gusta inventarme nada.
- ¿Y quién te dice que lo hagas? Esta conversación también es real. No es necesario que te inventes nada, ni siquiera que me des un complejo argumento. Tan sólo emocióname, nárrame un relato con el que me hagas conectar. Puedes hacerlo.
- Eso es muy difícil.
- Claro que lo es. Pero, ¿qué quieres hacer? ¿Ser uno más? ¿Venir a llorarle a un niño? Haz de tu relato una enseñanza propia. Cuenta una historia que de verdad te haya sucedido. No busques nada difícil, no lo compliques. Sé honesto.
- Lo soy pero a mí no me suceden cosas épicas.
- Eso es mentira. Has de tener presente que tu vida es la mayor de las aventuras que jamás vas a conocer. Aprovéchala. Haz a tus lectores partícipes de ella. Ellos ya sacarán sus propias conclusiones.
El escritor se quedó helado. El niño tenía razón. Pero quería seguir indagando.
- ¿Tú qué es lo que buscas cuando lees?
- Sólo una cosa: que me transporten a otro mundo. Al que el escritor me lleve. ¿Haces que tus lectores viajen?
- No lo sé.
- Vale, pues te lo pregunto de otra forma. ¿Utilizas el storytelling cuando escribes?
- ¿Eso qué es?
- Según Montecarlo y Eva Snijders, el storytelling busca una reacción emocional, puntual y, hasta cierto punto frívola, pues no deja de tratarse de una reacción más o menos instintiva a un impulso determinado.
- Suena interesante…
- Ambos también hablan de que contar historias es la manera que tenemos de transmitir nuestras propias experiencias, revivirlas y compartirlas con los demás. Contar historias nos ayuda a comprender el mundo en que vivimos y a construir un futuro. Somos las historias que nos contamos.
- Es cierto.
- Podría estar contándote más y más definiciones de grandes nombres sobre el significado de storytelling. Pero creo que ya te vas haciendo una idea.
- Sí. Pero me hablas solamente de teoría. Así es muy fácil. No acierto a encontrar ejemplos de buenos storytellers, o como quiera que se llame a quienes hacen esto.
- ¿Quieres ejemplos? Barack Obama hizo de su ascenso a la Casa Blanca la reencarnación del sueño americano. Y decenas de millones de personas en todo el mundo le creímos.
- ¿Tú habías nacido cuando Obama fue elegido presidente?
- Eso no importa. Steve Jobs dejó con la boca abierta a toda una generación de universitarios con su discurso en la graduación de Standford.
- ¿Vivías cuando Steve…?
- (Interrumpe) Y años atrás Martin Luther King nos hizo partícipes de su sueño a millones de personas.
- Eso ya sí que no me lo creo. Que vivieras en los 60 no cuela…
- Claro que no había nacido cuando pasaron casi todas estas cosas. Te quedas en la superficie. ¿Sabes por qué sé todo eso? No sabría recordar ni una frase, ni un gesto de ninguno de estas tres personas en estos discursos. Pero nunca podré olvidar cómo me hicieron sentir cuando los escuché por primera vez. Eso es lo que tú tienes que hacer con tus lectores.
- Ya. Entonces… ¿quieres que te transporte a otro mundo?
- Al que solamente tú quieras llevarme.
- Y que conecte con mi público desde el titular y la primera línea…
- No te van a dar más oportunidad que eso, estamos abrumados ante tanta información.
- Que comunique pero, sobre todo, que persuada…
- Vas muy bien. Busca lo épico pero sin caer en el sensacionalismo ni en el amarillismo. Alguien como tú debe saber bien dónde está la frontera que lo separa.
- Pero eso es ser una especie de escritor de guiones…
- En cierto modo, sí. Juega a ser guionista: hazme un planteamiento, un nudo y un desenlace. Dime quién es el protagonista, quién el antagonista, dónde está el conflicto, el punto de giro y el clímax. El héroe de esta historia eres tú. O puede ser otro. Pero tú eres quien me va a enganchar.
- Entonces, ¿puedo exagerar para que quede más emotivo lo que escribo?
- Nunca. Dile a tu público que has llorado escribiendo un artículo. Pero, ojo, hazlo sólo si es verdad. No les engañes. El storytelling no es eso.
- Así que quieres que invite en lugar de intentar convencer, que provoque emociones, que divierta y me divierta escribiendo…
- Ya lo has entendido – le dijo el niño, levantando la cabeza del suelo y mirándole a los ojos fijamente con una sonrisa.
- Creo que así conseguiré que la gente me lea y tendré cada vez un público más fiel.
- Así es.
- ¿Y ahora qué hago?
- Ya tienes tu historia. Ahora ve y cuéntala como mejor sepas

10 de abril de 2012

¿Evolución?




¿... Es cosa mía o los niños cada vez son más consentidos, repelentes y desagradables? ¿Qué ha pasado con aquellos seres inocentes que jugaban en la calle al escondite , coleccionaban tazos de los Pokémon, se llenaban los bolsillos de canicas, y que podían ser hostiados por sus progenitoras sin posteriores represalias legales?
Ahora los niñatos de 13 o 14 años van al colegio con su cuellito del polo subido, las gafas de sol de plástico del baratillo y con todo el oro que le pueden quitar a su madre del joyero, con actitud de "dueños" del recreo. Si tienen algún amigo amigo mayor con coche para subirse y fardar, mejor. Si pueden acosar en grupo a los más pequeños, mucho, mucho mejor.
Las chicas van, por su parte, pintadas con Titanlux, con varios km de escote (paradójico, porque aún no tienen tetas) y algún que otro piercing blanco en el labio (posiblemente falso). Una versión malagueña incluye chanclillas y ultra-moño a lo Marge Simpson, además de muletillas soeces tales como "Me vas a comé la pipa der coño".
Antes llevábamos nuestro amado y cutre Tamagotchi de 3 botones y limitadas funciones; ahora llevan el móvil, el mp3 con el reggaetón (la mejor música para arrimar la cebolleta), la cámara de fotos para hacerse sesiones semipornográficas en sus cuartos de baño mientras fuman/sacan la lengua/ponen morritos, la Nintendo, la PSP... Con todo ese peso extra, normal que crezcan cada vez menos.
Ahora ya no se toma el colacao del LIDL o del Mercadona que no lo disolvía en la leche ni un tornado; ahora se toma el colacao marca Cola Cao ("A mí que no me lo cambien...") que trae su aerógrafo graffiti para sentirte un chico malo y rebelde ensuciando la calle, ¡oh yeah hermano!
Ya no hay carteras ni chándals del Mickey, ni te pones la primera muda que tu madre saca del armario para ir al cole; todo ha sido sustituido las sudaderas y zapatillas de O'neill, DC, Volcom..., que cuestan lo mismo que la deuda externa de un país africano.
Los niños de ahora se sienten orgullosísimos de poner en el apartado de "Libros, escritores, géneros" de Tuenti: "ii esoöh qé coññio eë? xD =P". Para sacarles los dientes con un tocho del Quijote...
Los modelos infantiles y adolescentes ya no son Pippi, el Inspector Gadget, la familia Winslow ni el príncipe de Bel Air, sino los niños de Disney y su estereotipo hipócrita de vida americana, el lobo vigoréxico de Crepúsculo, la Hannah Montana o su hermanita de 10 años, que ha empezado a "diseñar" lencería sexy para niñas...
Ya no se juega con la Game Boy Colour que te pedías para navidad ni esperas como un lelo para que te la traiga Papá Noel si sacas buenas notas. Ahora se juega todo pero a nada, a la Play 3, a la Wii, la NDS, la PSP, XBOX 360, y como no me la compres YA ¡¡¡¡¡¡¡¡TE ENTERAS!!!!!!!!!!!
¿Y el éxtasis que experimentabas cuando capturabas a Mewto despúes de lanzarle 65 ultraballs? Ahora se lleva robar vehículos, atropellar ancianas y matar, matar, matar, matar en los videojuegos.
Antes no te mandaban al psicopedagogo cuando dabas por culo, te compraban un Bollycao para que te callaras, y en caso infructuoso te daban una buena colleja.
Antes: David el Gnomo.
Ahora: Mujeres y hombres y viceversa.
Si una niña de 13 años jugara hoy a las Barbies, la verían como mínimo "rarita" (por lo general gilipollas).
Antes había niños gordos, no obesidad infantil.
Ahora se pierde la virginidad a los 14 años... si eres recatada...
Ahora hay que pertenecer a todas las tribus urbanas para no quedarte fuera de lugar. Estaría bien si lo hicieran para compartir una ideología, pero lo único que saben es de consumismo superficial, poniéndose pulseritas de tachuelas para ir de "duros" y rímel hasta los tobillos para parecer tristones y súper profundos... Esos remix de de emo y alternativo, hippie y pijo (lo sé, es contradictorio) rockero y popero (WTF?)... Pulsera de pinchos con minifalda choni, junto con flequillo rosa y tatuaje del conejito del Playboy... Alguien lo entiende? Por cierto, comprarte una camiseta de los Beatles en el Bershka no significa ser alternativa.
¿He dicho 14? Ilusa de mí...
Ahora las madres se preocupan porque el Petit Suisse es "muy denso" y hacen excursiones a la fábrica de Danone a exigir explicaciones. ¡¡Qué cojones!!
Antes tu madre te pegaba una colleja si te portabas mal o dabas por culo; ahora el niño puede denunciar a cualquiera que le levante la voz por.. ¿maltrato fonético? ¿Hola?
Antes se hacían excursiones a la granja escuela. Ahora qué tenemos, ¿el Farmville?
Antes algunos niños repetían curso; ahora el nivel educativo de la primaria en España está por debajo de varios países en vías de desarrollo de la Europa del este, como Armenia, Azerbayán y Georgia.
Tuvimos más libertad, más éxito como niños, y aprendimos a crecer. No te extrañe que ahora los niños salgan gilipollas.
PD: Por supuesto, hay excepciones (pocas), así que no se ofendan todos los pubescentes, que también hay algunas buenas prendas de 35 años...
PD2: Y recordad:

[*Sii ër NëNë Te VäSiiLâh, Tëê Källà y Lo AsiiMiLâh*]



vía: http://thoughtsbytheseaside.blogspot.com.es/
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